Anda por ahí el bulo de que los jóvenes de hoy sólo aspiran al botellón y a la vida fácil. Para los que así piensan les sería muy conveniente asistir a una representación de la compañía granadina del Avellano.
En la Octava de la Semana Santa este grupo ha renacido viejos pentagramas sobre la muerte de Cristo, nos ha recordado un clásico de los setenta: Jesucristo Superstar. Aún resuenan sus pegadizas melodías en los oídos avecinados por las canas, y para los mozalbetes, seguro será un descubrimiento porque en nada han envejecido. La obra es una sucesión de estampas visuales y sonoras, como un álbum de Pasión.
En su variedad destacan más la decoradas, las que se enriquecen con coreografía, las que se sazonan con velas o ramas de olivo, y quedan menos conspicuas las unipersonales o de simple tensión dialogante. También es preferible el vestuario actual. Pero además de escena hay música. Y ahí es donde la Compañía del Avellano se yergue como hito singular en el panorama teatral granadino. Un coro muy activo, que aún tiene que mejorar las entradas, se hermana con un cuarteto instrumental en donde la batería lleva la voz cantante como corresponde a una ópera rock. Y las voces sugerentes y magníficas de Aroha, Alex y Antonio Jesús. Se aplaude con gusto este montaje, no sólo por el ritmo contenido y preciso sino porque se ve buen teatro musical, a pesar de que hay que seguir trabajando la precisión.
Andres Molinari